NUESTRO HIMNO
«La tierra de Borinquen
donde he nacido yo
es un jardín florido
de mágico primor.»
Con estas hermosas palabras se canta la primera estrofa de
lo que se conoce como el himno de Puerto Rico: La Borinqueña.
Pero nuestro himno no se cantó originalmente así;
ni siquiera era un himno tal como lo conocemos hoy. Sobre
quién compuso la melodía original hay distintas
versiones. Vamos a hablar de las tres versiones que existen
sobre el origen de nuestro himno.
Francisco Ramírez, un músico aficionado de
San Germán, compuso para su enamorada una melodía
que acompañaba con la guitarra. La canción gustó
mucho y rápidamente se popularizó en fiestas
y serenatas.
Ramírez conoció al tenor español, Félix
Astol Artés y se estableció una amistad entre
ambos. Al escuchar Astol la melodía, le gustó
mucho. Como sabía de música le hizo los arreglos
pertinentes transformándola en una danza. Se le dio
el título de La bella trigueña.
Durante esta época, finales del siglo XIX, se acrecentó
en muchos puertorriqueños el sentimiento independentista
que fomentaba el deseo de luchar contra España. Existía
un ambiente de revolucion. En una velada musical, la poetisa
sangermeña, Lola Rodríguez de Tió, escuchó
la danza y le gustó. Procedió, entonces, a escribirle
una letra con versos de tono revolucionario. Estos versos
fueron considerados subversivos por las autoridades. La letra
de doña Lola Rodríguez de Tió se hizo
muy popular y aquella primitiva canción de amor se
convirtió en himno de lucha.
Durante esta época gobernaba a Puerto Rico el General
Laureano Sanz que, furioso por lo ocurrido con la danza, indagó
sobre su autor. Ramírez, temeroso de que se le persiguiese
y de que lo desterraran, negó haberla compuesto. Entregó,
además, el manuscrito de Astol, quien por ser español,
estaba a salvo de represalias.
El pueblo sangermeño está convencido de que
Francisco Ramírez es el autor de La Borinqueña.
Al efecto, el 23 de diciembre de 1945, la ciudad fijó
una tarja recordatoria en el sitio donde había esta-do
la casa de Ramírez. En ella se le reconoce como el
autor de La Borinqueña.
Según varios historiadores, el autor de La Borinqueña
fue el músico español, Félix Astol Artés
(1813-1901), que residía en el pueblo de Mayagúez.
La letra de la danza empezaba así:
«Bellisima trigueña
imagen del candor
del jardín de Borinquen
pura y fragante flor»
En una tertulia en casa del periodista Bonocio Tió
Segarra, su esposa, la poetisa Lola Rodríguez de Tió,
oyó la danza. Encontró sosa la canción
de Astol y le improvisó unos versos. Estos no eran
románticos, sino revolucionarios. La nueva letra alcanzó
gran popularidad y el gobierno español prohibió
que se cantara. Con el tiempo, volvió a usarse la letra
romántica y a tocarse la melodía en bailes y
actos sociales.
Don Félix Astol Artés jamás desmintió
a aquellos que alegaban que él no era el autor de La
Borinqueña.
LA VERSION PERUANA
La melodía de La Borinqueña se propagó
por tierras latinoamericanas sin que se supiese ni su país
de origen ni su autor. En Perú apareció una
canción bajo el título de Bellisima Peruana,
con la música de La Borinqueña.
Por un tiempo se creyó que La Borinqueña era
el trasplante de una canción peruana como resultado
del movimiento de artistas hacia Puerto Rico. Hoy, autoridades
como doña Monserrate Deliz afirman que La Borinqueña
no nació de la melodía peruana. Por el contrario,
se afirma que nuestra danza no solo dio origen a la melodía
peruana sino también a canciones de otros países
latinoamercanos. Tal es el caso del Brasil, de Cuba y de Haití.
EVOLUCION
En 1898 España estuvo en guerra con los Estados Unidos
de América. Como consecuencia, España perdió
a Cuba y Puerto Rico, sus últimos territorios en América.
Después del cambio de soberanía fue necesario
hacer nuevos ajustes a la danza.
Don Manuel Fernández Juncos, un español que
se crió en Puerto Rico y lo amaba mucho, le puso una
nueva letra a La Borinqueña. Esa es la letra que hoy
conocemos. Surgieron intentos de crear otros himnos que sustituyeran
La Borinqueña, pero ninguno prosperó. El pueblo
se identificó con la letra de Fernández Juncos.
Durante años fue el himno de Puerto Rico una danza,
no una marcha. Fue himno por voluntad del pueblo, que se identificó
con él.
En 1952, la Asamblea Legislativa de Puerto Rico aprobó
una ley estableciendo La Borinqueña como el himno oficial
del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Don Ramón
Collado hizo a la danza el arreglo musical necesario para
convertirla en una marcha. Esa marcha es el himno que hoy
conocemos.
En 1977, las Cámaras Legislativas y el Gobernador
aprobaron como letra oficial del himno, la escrita por Manuel
Fernández Juncos.
NUESTRO HIMNO
LA BORINQUEÑA
La tierra de Borinquen
donde he nacido yo
es un jardín florido
de mágico primor.
Un cielo siempre nitido
le sirve de dosel
y dan arrullos plácidas
las olas a sus pies.
Cuando a sus playas llegó Colón
exclamó lleno de admiración.
¡Oh!, ¡Oh!, ¡Oh!, esta es la linda
tierra que busco yo.
Es Borinquen la hija, la hija
del mar y el sol, del mar y el sol,
del mar y el sol, del mar y el sol,
del mar y el sol.
LA BORINQUEÑA (danza)
Letra atribuida a Francisco Ramirez
Bellísima trigueña
imagen del candor
del jardín de Borinquen
pura y fragante flor.
Por ti se queda extático
todo el mortal que ve
tu aire gentil, simpático
tu breve y lindo pie.
Cuando te asomas a tu balcón
la luz se eclipsa del mismo sol
la luz se eclipsa del mismo sol
Porque tus negros ojos
dos rayos son,
que al que los mira, niña
abrásanle el corazón
Tú galana descuellas
entre las flores mil
que adornan primorosas
el tropical pensil.
En torno a ti
el céfiro se mueve sin cesar,
el colibrí solícito
te viene a acariciar.
Linda trigueña mi dulce bien,
eres la perla de Borinquen
¡Oh!, Oh!, ¡Oh!
Apiádate, tierra de mi dolor,
que por ti me muero
me muero de inmenso amor
de inmenso amor, de inmenso amor.
LA BORiNQUEÑA (marcha)
Letra de Lola Rodríguez de Tió
¡Despierta Borinqueño
que han dado la señal!
¡Despierta de ese sueño,
que es hora de luchar!
A ese llamar patriótico
¿No arde tu corazón?
Ven, nos será simpático
el ruido del canon.
Mira, ya el Cubano libre está,
le dará el machete la libertad.
Ya el tambor guerrero
dice en su son,
que es la manigua el sitio,
el sitio de la reunían.
Bellísima Borinquen
a Cuba hay que seguir.
Tú tienes bravos hijos
que quieren combatir.
Ya por más tiempo impávidos
no podemos estar,
ya no queremos tímidos,
dejarnos subyugar.
Nosotros queremos ser libres ya
y nuestro machete afilado está.
¿Por qué entonces,
nosotros hemos de estar
tan dormidos y sordos,
y sordos a esa señal?
No hay que temer, riqueños
al ruido del cañón;
que salvar a la patria
es deber del corazón.
¡ Ya no queremos déspotas!
¡Caiga el tirano ya!
Las mujeres indómitas
también sabrán luchar.
Nosotros queremos la libertad,
y nuestro machete nos la dará.
Vámonos, borinqueños, vámonos ya,
que nos espera ansiosa,
ansiosa la libertad,
la libertad, la libertad, la libertad
la libertad.
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